Terminé en el medio de un campo en un día nublado, rodeada de la inmensidad de éste, buscando algo de realidad en toda esta situación. No la encontré.
Decidí caminar entre todo el pasto crecido y entre todo el abandono. Logré ver (casi como una alucinación) filas de sillas blancas y un ataúd en frente con un hombre de espaldas mirándolo.
Me dio escalofríos al notar la situación y a su vez, comprobar que no estaba sola en aquel lugar.
Decidí acercarme y tocarlo pero él no sentía ni me veía. Sus rasgos estaban bien definidos, parecían de otros tiempos. Su rostro era familiar pero no sabía de dónde. Me sacó de mis pensamientos escucharlo romper en llanto. Uno de esos que al escucharlos te dejan un nudo en la garganta, que no tienen consuelo.
Con miedo, me acerqué al ataúd buscando respuestas pero al hacerlo desperté.
Me encontré sin respuestas y con un vacío en el pecho, un vacío como en el que había en ese cajón.